Mostrando entradas con la etiqueta alcohol. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta alcohol. Mostrar todas las entradas

jueves, 18 de septiembre de 2014

¿Qué fue de los buenos?

* "Hay días en que me levanto con una esperanza demencial, momentos en los que siento que las posibilidades de una vida más humana están al alcance de nuestras manos. Éste es uno de esos días".

** "Cuando somos sensibles, cuando nuestros poros no están cubiertos de las implacables placas, la cercanía con la presencia humana, nos sacude, nos alienta, comprendemos que es el otro el que siempre nos salva. Y si hemos llegado a la edad que tenemos es porque otros nos han ido salvando la vida".

La resistencia, de Ernesto Sábato

--------
Más de dos meses sin dar señales de vida han sido suficientes para que mis escasos fieles pongan el grito en el cielo y me pregunten si me ha sucedido algo o directamente barrunten sin piedad sobre mí. ¿Habrá tocado mi inspiración a su fin?. Lo cierto es que la resaca veraniega está siendo peor de lo que pensaba. Aún estoy digiriendo con la mayor entereza posible que uno de los hombres a los que mayor estima profesaba (en un pedestal), como es Xabi Alonso, haya abandonado el Real Madrid al más puro estilo Nancy Sinatra. De un día para otro, sin anestesia, y lo que es peor, con el rumor latente de que una presunta infidelidad ha podido acelerar los acontecimientos. 

¿Por qué buscar una hamburguesa fuera cuando tienes solomillo en casa? O mejor dicho, ¿por qué buscar una Russian Red cuando tienes a Nagore Aramburu en casa? Sea como fuere, este oscuro suceso ha aumentado la ya de por sí depresión postvacacional habitual de septiembre. Para un servidor, el período estival ha sido breve, pero intenso. Así se aprecia más, la verdad. Y cuando cruzas el charco en buena compañía, te das cuenta de que una de las mejores cosas de comenzar a ganar dinero es gastarte el dinero con los tuyos.

Igual que lo es observar a la chica más guapa del mundo oteando el horizonte en un rascacielos a 442 metros de altura. O disfrutar con satisfacción cómo su melena se mueve al son de la brisa del Lago Michigan. Viajar es la vida, dicen. Y las instantáneas que te haces (y que te repites hasta alcanzar la perfección), quedarán para la posteridad, pero los recuerdos de un viaje quedan en la retina para siempre y estos sí que son imborrables. Sin duda, son las mejores fotografías que uno puede conservar.

Bueno, antes de enrollarme más de lo debido, iré al grano. "Como decíamos ayer" (Fray Luis de León dixit), el verano no es la mejor época del año para las relaciones sentimentales. En ocasiones, el duro lastre de los problemas de pareja durante el año se acaba pagando curiosamente cuando más deberían resolverse. Una vez más, no tengo respuesta al kit de la cuestión. Como veis, no valdría para ser una especie de Elena Francis del Siglo XXI. En alguna otra ocasión he escrito algo parecido. Pero es evidente que la sociedad actual es educada para sobrevivir en un mundo de competencia feroz, en el que nunca tiene cabida la paciencia. Se premia al corrupto, al frívolo y al que no se esfuerza. Extrapolándolo a las relaciones personas, quizá por ahí radique el problema. No se valora lo suficiente lo que se tiene (incluso después de perderlo), no hay dignidad, no hay una autoexigencia de principios y valores y, sobre todo, no hay conciencia.

No voy a dar lecciones de moralidad a nadie porque quien esté libre de pecado que tire la primera piedra. Pero el problema de cómo queremos en el Siglo XXI es algo que viene de raíz. Recientemente, el brillante (y no menos polémico) Risto Mejide ahondaba en la cuestión en una columna de opinión: "Qué mal nos queremos". ¿Cómo podemos querer a alguien con tanta intensidad y pasión y acto seguido abandonarle con piedad y alevosía? Las cuentas no cuadran. Y es que se habla poco de ella, pero esta crisis, al igual que la económica, abarca tintes dramáticos. Nos queremos mal, no nos tomamos en serio los momentos de soledad para interiorizar lo suficiente y ponemos coto a la velocidad de nuestros actos amorosos por el mero hecho del qué dirán. 

¡Habráse visto! Desde cuándo debes actuar lejos de tus instintos, cabeza o corazón. Lo dicho: todo viene de la educación que se da en la sociedad actual. A colación de esto, a veces me gusta recordar una verdad como un templo a cargo de Luis García Montero: "Quien no quiso caer en la mentira, no sea injusto desde la verdad". Con el auge de las nuevas tecnologías, hablamos más que nunca, pero no nos decimos nada. No es fácil encontrar a tu media langosta, pero una vez que la encuentras todo va rodado. Te enamoras hasta las trancas. De las taras, virtudes, defectos y de hasta esa cara que pone cuando realmente está enfadada.

Atrás quedan tiempos donde estabas dispuesto a desenvainar tu espada invisible creyéndote D'Artagnan para ganar el corazón de tu Julieta. O conquistarla y casarte con ella en el patio del colegio. Ésos sí que eran amores de verdad. Ahí teníamos el control. Ahora hemos pasado del arsenal de paciencia y celos a la coraza silenciosa carente de sentimientos. Y claro, el que sale escaldado, sufre, con un nudo en la garganta, que aprieta pero no ahoga, y se autocompadece repitiéndose que al menos la soledad nunca le va a abandonar. Y, con el autoestima por los suelos y los ojos hinchados por un mar de injustas lágrimas, recuerda con nitidez constantemente aquella conversación de alcoba: "¿Me querrás para siempre?" "Por supuesto". Y piensa en aquella promesa y en que olvidó preguntar: ¿cuánto tiempo es para siempre? Sus lágrimas (repito, injustas) denotan que para siempre, a veces, es sólo un segundo. Ya vuelves a languidecer a la deriva. Sin esperanza.

Con este panorama actual, yo me pregunto: ¿qué fue de los buenos (y, por supuesto, de las buenas)? ¿Ya no está de moda acompañar a tu pareja a casa para que se sienta protegida y agradecida?, ¿o salir de la piscina pitando en busca de la toalla para arroparla y que no se enfríe?; o simplemente, ¿actuar con bondad siguiendo los dictados de tu corazón? Es evidente que todo eso pasó a mejor vida. Nos sobran modas y nos faltan cabezas amuebladas. Parece que hay gente que prefiere destrozar un castillo de confianza fraguado durante años y tirar todo por la borda. Vivir la vida en común con alguien a quien amas es algo realmente especial. Aprender el uno del otro, madurar, equivocarse y acertar juntos. Hoy todo esto parece utópico.

Amig@s despechad@s, que no cunda el pesimismo ni el pánico. El tiempo pasará. Una y otra vez. Algún día volverán las victorias. Los días de cerveza, de regalar rosas, de prometer Lunas y de hedonismo. Los días en que dejaremos de gastarnos el dinero en gilipolleces. Y haremos el amor, nos besaremos hasta que nos duela la boca y haremos el amor de nuevo. Y cuando él o ella diga Ben, él o ella dirá Affleck. Y lloraremos, reiremos y disfrutaremos. Y volverás a tener ganas de comerte el mundo. Y te darás cuenta de lo necesario que es pasar más tiempo con uno mismo, para poder pasarlo con los demás. Y no permitiréis que el orgullo decida por los dos. Y el equilibrio será posible. Y volverá el Cholismo sentimental. Y nos emborracharemos juntos hasta caer rendidos.

Porque como el resistente Ernesto Sábato, yo también creo en los cafés (cortados), en el diálogo, en la dignidad de la persona, en la libertad (y sobre todo, en la BONDAD). Pero también siento nostalgia, casi ansiedad de un infinito, pero humano, a nuestra medida. En mi caso, suertudo donde los haya, tengo motivos de peso para creer. Gané la lotería hace tiempo. En el momento en que ya estaba a punto de entregar la cuchara, gané la batalla. Sin embargo, otros quedaron el camino. Ayudémosles. Los buenos se lo merecen todo. No tengáis duda de que resistiremos juntos. Al fin y al cabo, esto es un reajuste de cuentas.


HAAF

*Para G, claro

martes, 15 de julio de 2014

Y demostrarte alguna estupidez, por ejemplo, que te quiero

No soy nadie especial. Sólo soy un hombre corriente con pensamientos corrientes. Llevo una vida corriente. No soy el mejor novio ni el mejor amigo del mundo. Pero siempre he procurado vivir la vida de forma apasionada, rodeándome de la gente que me gusta. Y amar sin cuartel ni freno de mano. Aunque éso me haya ocasionado más de un disgusto, más de un beso (y más de un bofetón).



Explicar el significado del amor con palabras a veces es más complicado que definir a ciencia exacta conceptos abstractos, como el pragmatismo o el nihilismo.  O conseguir lograr que el equilibrio sea posible. Aunque de vez en cuando una canción, un recuerdo o un simple esbozo de sonrisa permiten clarificar sentimientos sobre la hoja de un papel, lo cierto es que manifestarlos de forma que queden para el recuerdo y la posteridad (de forma nítida) es una presa realmente complicada. Y si a todo ello le unimos la ola de calor inhumana que azota Madrid estos días (sí, el verano ya ha llegado de una puta vez), escribir desciende vertiginosamente de las prioridades en tu vida (imitar a Tom Cruise en Risky Business se convierte en la primera hasta nueva orden). He llegado a la conclusión de que lo único 'positivo' de este calor insoportable (agosto será de agarrarse que vienen curvas), es que estos días puedo perfeccionar constantemente mi pose de ejecutivo chaqueta de traje al hombro.



Sin embargo, no me quejo. Ni mucho menos. Recientemente he disfrutado de un fin de semana inolvidable en Comillas. Para quien no lo conozca, es uno de los parajes más bonitos de nuestro país. Entre bocartes, navajas, rabas y Gin Tonics, me dio tiempo a quemarme (primera noticia eso de que el sol del norte pega tanto que puede abrasarte), pero también a realizar una promesa zalamera de comprarme algún día una casa en ese lugar. Y yo soy de esos cabezones empecinados en sólo prometer cuando se puede prometer. 

Con todo, y a pesar de que todo el mundo sabe que soy el más fiel (además de impulsor) acérrimo del Cholismo sentimental, soy de los que piensa que el amor se demuestra más allá de ir cita a cita, día a día, partido a partido. Nadie sabe a ciencia cierta qué cojones significa esto del amor, pero todos experimentamos con mayor o menor éxito. Sin duda, la lección más valiosa que he aprendido en los últimos tiempos es que en esta vida todo cambia de un día para otro. "La vida pasa a una velocidad de vértigo". Marc Levy tenía razón, por lo que nunca debes de dejar demostrar a los tuyos cuánto les quieres. 

*Mis más sinceras disculpas por todos los laísmos que se repiten a continuación. Necesidades del guion.

Y con ella, sigue los dictados de tu corazón. Si la quieres, demuéstraselo a diario. Aunque a veces lo olviden, ellas son conscientes de que toda mujer merece tener un hombre que la valore, que la respete, que la ame. Y sobre todo, que se lo demuestre. Acompáñala siempre a casa. Mímala, bésala y tócala lo suficiente para que se sienta querida en todo momento. Hazla cosquillas en la espalda y conseguirás que se estremezca. Abrígala cuando haga frío y procura que no se moje, salvo que bailéis bajo la lluvia. Hazla sentirse protegida y comprendida con los problemas de la rutina diaria. Llévate bien con su familia y sus amigos, ya que algún día podrán ser los tuyos. No la agobies nunca. Deja que cada uno tenga su espacio y su vida más allá de la pareja.


Disfruta de los momentos que sólo tú y ella sabéis. Cómprala flores, porque no hay nada más bonito que regalar flores con el corazón. Invítala a comer y a cenar, no por ser un día especial, sino porque te sale de dentro hacerlo. Besayunar juntos en la cama perreando durante horas, porque no hay nada mejor que vaguear y retozar sin mirar el reloj disfrutando sin cesar. Hazla reír todos los días. Soñad juntos. Dala buena conversación, porque la química y la llama han de mantenerse vivas. Cuando te enfades con ella, mírala a los ojos y cuenta hasta diez. Piensa que (casi) todo en esta vida tiene solución. Sé fiel, porque estropear lo fraguado durante mucho tiempo no sólo es traicionarte a ella, a ti mismo y a tu corazón, sino del género tonto, gilipollas, inmaduro y estúpido. 

Tararea canciones que te recuerdan a ella constantemente. Cógela siempre con ganas e ilusión. Os mandáis e-mails en el trabajo. No acabéis con esa costumbre porque es una muestra de romanticismo al más puro estilo siglo XXI. Deja por escrito que nunca la vas a abandonar. Jamás la insultes. Dila que la quieres sólo cuando realmente te mueras por decírselo. Planear vuestro futuro juntos, sin prisa pero sin pausa, dando los pasos adecuados. Compárala con cualquier comida (por ejemplo: un sobao)porque la harás disfrutar. Y la harás sentirse querida. Confía en ella porque sin confianza una relación está abocada al fracaso. Imagina tu vida junto a ella dentro de 30 o 40 años. Y si sonríes imaginándolo es que puede hacerse realidad.

Enamórate de sus pequeñas idiosincrasias, porque si Dios quiere pasarás con ellas (y disfrutarás de ellas) indefinidamente. Sed kamikazes enamorados y conseguiréis sentiros jóvenes eternamente. Perdónala en sus peores días con la mejor de tus comprensiones, como haría ella. Sé celoso y orgulloso, pero sólo lo justo y necesario. Llévala de viaje a París, y disfrutad de un atardecer en el Sena desde el mágico Bateau Mouche.  

Echo la vista atrás y me doy cuenta de que soy exactamente igual que hace diez años. Ya no leo con atención novelas de Martín Casariego, escucho en bucle los discos de Maná o cortejo a través del Messenger. Pero sigo siendo el mismo romántico empedernido e incorregible de siempre. Porque lo más bonito que te puede pasar en la vida es que ames y seas correspondido. Sólo concibo vivir la vida a tu lado, haciéndote la mujer más feliz del mundo y envejeciendo juntos. Y demostrarte a diario alguna estupidez, por ejemplo, que te quiero.

PD: Eres el queso de mis macarrones.




HAAF


lunes, 9 de diciembre de 2013

Evasión (y victoria): oda a la amistad

Una noche cualquiera. Siete u ocho convidados sonríen, conscientes de que se avecina otra velada inolvidable. O quizá no, porque eso es lo bonito de los planes espontáneos. Sin duda, la perfecta ejemplificación de una amistad. De una verdadera amistad, concretamente. Quizá porque corren los tiempos más difíciles que uno recuerda, es cuando más hay que agarrarse a la importancia de las pequeñas cosas. Y a darles el valor que merecen. Un grupo de amigos es como un equipo. Su valor no radica en los caracteres, virtudes o defectos individuales, sino en el éxito que consiguen en su conjunto. Y todo ello bajo valores innegociables, como la confianza, generosidad, empatía y, sobre todo, la lealtad.


Al final, la amistad no es un negocio de ida y vuelta basado en tópicos que exijan mutuas y recíprocas acciones. Es conseguir un feedback basado simplemente en la sinceridad y en lograr evadirte de forma victoriosa y abstraerse de este mundo que nos rodea. Porque la amistad no es sólo exacerbar tu amor por los tuyos con unas copas de más. Es saber que (sin pedírselo) un amigo se tiraría por ti a las vías de tren si con ello te evitase cualquier perjuicio. Es saber que al descolgar el teléfono podrás telefonearle a cualquier hora del día para sacarle de la tediosa pose de pijama y manta y contarle in situ cerve en mano que el amor ha vuelto a ser esquivo y cruel contigo. Es saber que las discusiones bizantinas con amigos sobre lo mal que está el mercado femenino son las más monótonas (y las más divertidas). Es saber que las discusiones bizantinas con amigas sobre lo incierto del tópico "no todas somos iguales" son las más segundas más monótonas (y las segundas más divertidas). Es convertir en una auténtica batalla dialéctica entre ellos, que piensan que Ross no tuvo culpa porque él y Rachel estaban "tomándose un descanso" y ellas, que piensan radicalmente lo opuesto.

La amistad es saber interpretar con sinceridad y comprensión que una imagen vale más que mil palabras. Es saber que cuando lo estás pasando realmente mal no necesitas un hombro en el que llorar, sino evadirte por unos instantes con los tuyos tratando de pasar página. Es narrar con la misma ilusión y gracia de siempre viejas anécdotas como si fuera la primera vez que se recuerdan. Es brindar con los tuyos por la victoria, por el empate y por el enésimo fracaso futbolero. Es saber que, con una pequeña ayuda de tus amigos, y quizá con unos cuantos Gin Tonics de más, se puede arreglar el panorama político, económico y deportivo en un santiamén.

La amistad es recordar con nostalgia épocas pasadas, también a todos aquellos que quedaron en el olvido. Porque no nos engañemos. Aunque sea falso aquello de que se cuentan con los dedos de una mano los verdaderos amigos, con el paso del tiempo, hay amigos que se pierden por el mero hecho de que no todos los caminos discurren de forma paralela. En la misma línea, hay amistades que se cuidan solas, con la posible ausencia de noticias durante meses, pero con la firme convicción de que con una simple llamada, nada habrá cambiado. Ya saben: "que en este mundo de tristezas y de dudas, nunca te falte pa' espantarlas un amigo".

La amistad es saber dónde está la frontera entre la amistad verdadera y el amor... si es que la hay. Es saber que madurar rodeado de los mismos amigos de siempre es una de las cosas más bonitas y que más hay que saber apreciar. Es saber estar orgulloso a la par que crítico con los tuyos. En las buenas y en las malas. Es saber estar. Es saber perdonar cuando toca. Y cuando no, también. Es saber interpretar un gesto con una complicidad única. Es abrazar a tu amiga antes de que su rostro derrame la primera lágrima tras tropezar accidentalmente con suex. Y acto seguido maldecir para tus adentros la escasa fortuna de una mujer de bandera que, al querer lo que envenena, tampoco le salen las cuentas. 

En definitiva, la amistad es compartir un proyecto en común juntos. No ha lugar a dudas. Tan importante es el amigo que ejerce de líder, como el silencioso al que hay que saber escuchar porque siempre que hable tendrá algo sabio que decir. Tanto el amigo que ejerce de Chandler Bing, como el que se limita a escuchar con atención. Tanto el sabelotodo, como el realmente culto. Tanto el sensato que trata de poner cordura, como el que propugna destrozar todo el mobiliario urbano. Tanto el romántico y sensible, como el misógino. Tanto el ligón, como el que no se come un colín. Tanto la que tiene derecho a roce, como la que no. Es así. Todos son igual de importantes. Porque somos un equipo. Uno para todos. Y todos para uno.

HAAF