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viernes, 29 de mayo de 2015

Extrema riqueza‏

Él abrió su corazón sin saber dónde iba aquello a parar.
Ella captó el mensaje a través del Cholismo sentimental.
Él sonríe feliz y enamorado cada mañana al despertar.
Ella le da los "buenos días" con calor prematrimonial.

Los meses pasan y el amor entre ambos crece sin cesar.
Quizá es que saben que esta relación nunca va a menguar.
Ambos coinciden en que esta oportunidad no se debe escapar.
Se quieren hasta los defectos y encima lo hacen a rabiar.

Mas quien esté pensando en boda debe ser cauto y esperar.
De momento ellos son felices celebrando cada 29 en un bar.
Él trata de demostrar su amor por ella fiel y reverencial.
Porque servidor se siente en una extrema riqueza sideral.

En tiempos donde las victorias pasan por mi lado (confío en que para quedarse) y donde uno vive la vida de forma frenética, no es fácil pararse a pensar en todo lo que está pasando. A mí, como a muchos otros, le gusta escribir. ¿Por qué? No sé si por placer, por vocación periodística, por expresar mis emociones o simplemente, por desahogarme. Así, pues tras una temporada de fe perfecta y de éxitos profesionales y personales, uno tiene ganas de reflexionar las casualidades y las causalidades y sobre el por qué de las cosas. No me cabe la menor duda de que en estos 14 meses de triunfos tú tienes un porcentaje muy alto de culpa. Recuerdo el miedo y las dudas que nos asaltaban al empezar, pensando en que quizá cometeríamos los (grandes) errores de antaño de nuevo. Pero aquí estamos, queriéndonos como dos idiotas. También en los días raros, en los días de celos y de enfados sin sentido.


Las victorias hay que ganárselas, amigos. Es cierto que a veces la suerte nos es esquiva, que en ocasiones ponemos todo de nuestra parte y que nos llevamos un palo del que cuesta un mundo recuperarse. Que aunque nos ganemos el no, una y mil y veces caemos en la misma piedra. Y que hay personas que parecen tener un máster en hacer de perro del hortelano. Pero, aunque no os lo creáis, un día todo cambia. Ya no tienes ese odio, esa impotencia y ese sufrimiento. Ya no escuece igual. Ya es irrelevante que esa persona lea o no tus reflexiones o las de otras personas dolidas. Ya no pides su auxilio. Ya no piensas aquello de: "En un día de estos en que suelo pensar, hoy va a ser el día menos pensado". Ya se acabó el largo duelo y los inviernos fríos.

Durante años, anduviste en busca de la felicidad sin darte cuenta de que la felicidad es otra cosa. No es esa obsesión por añorar lo que nunca fue y pudo ser. La felicidad estaba más cerca de lo que creías. La felicidad es esa nueva mujer, con la que te despiertas un día al alba, la observas dormida, te levantas y mientras dejas que la brisa veraniega te envuelva, piensas en que te has enamorado de una mujer que duerme doce horas al día y tiene once tipos de queso en su nevera. Y sonríes de nuevo como un idiota. Ése es el verdadero amor, la verdadera felicidad. No hay más secreto. El chip ya ha cambiado para siempre. Cada uno elige su propio destino, su propia suerte.

Por ello, a los que preguntan impacientes desde la deriva por qué luchan cual espartanos sin éxito en esto del amor, les digo que sólo es cuestión de encontrar a la persona indicada. Que se dejen de amores imposibles y platónicos. Que lo de esperar está muy bien, pero que la vida no es una película o una canción de Maná. Que la primera vez que alguien te hace daño es culpa suya, pero la segunda vez es culpa tuya. No os escudéis en lo que un día promulgó Ted Mosby: "Haz cosas malas y te pasarán cosas buenas". Porque no es cierto. No es que crea especialmente en el Karma, pero sí en que el tiempo pone a cada uno en su sitio. Sin duda, toda mujer merece tener un hombre que la valore, que la respete, que la ame. Y sobre todo, que se lo demuestre. Pero espabilad, sed inteligentes (y listos, que no es lo mismo) y haced caso a Platón, pero no al pie de la letra: "No existe hombre tan cobarde como para que el amor no pueda hacerlo valiente y transformarlo en héroe". Ya, Platón, pero es que hay cobardes que siempre serán cobardes.

Y es que a mí me gusta mucho leer a sabios que manifiestan sus sentimientos y escriben mucho mejor de lo que yo lo haré jamás. Hace poco me topé con un escrito de alguien hasta la fecha desconocido para mí: Pablo Arribas. De su brillante post "Sal con un valiente", me quedo con el final: "Lo único que verdaderamente se pierde en la vida son oportunidades".

Aprovechad las oportunidades (que llegarán), porque luego viene lo mejor. Te despiertas y acuestas pensando en ella, se te hace la boca agua pensando en cualquier plan juntos y, cada vez que sufres en el trabajo o en el deporte, ella te equilibra y te da fuerzas para seguir en la brecha y sacar todo adelante.

El tiempo, las hostias en forma de napalm sentimental, las recaídas, el ocaso y, sobre todo, los años, te hacen ver todo con mucha más perspectiva. Así que, amigos, sed valientes (sí, lo repito), fieles y amar mucho y muy apasionadamente. Porque como a ti te gusta decir, no sólo te quiero mucho, sino que te quiero muy fuerte. Y después de las victorias, vendrán los fracasos, pero lo importante es que vendrán contigo. Gracias por quererme, pero gracias por demostrármelo cada día. Estar enamorado hasta la médula y ser correspondido es lo mejor que te puede pasar en esta vida.



HAAF

*A G, siempre a G

jueves, 18 de septiembre de 2014

¿Qué fue de los buenos?

* "Hay días en que me levanto con una esperanza demencial, momentos en los que siento que las posibilidades de una vida más humana están al alcance de nuestras manos. Éste es uno de esos días".

** "Cuando somos sensibles, cuando nuestros poros no están cubiertos de las implacables placas, la cercanía con la presencia humana, nos sacude, nos alienta, comprendemos que es el otro el que siempre nos salva. Y si hemos llegado a la edad que tenemos es porque otros nos han ido salvando la vida".

La resistencia, de Ernesto Sábato

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Más de dos meses sin dar señales de vida han sido suficientes para que mis escasos fieles pongan el grito en el cielo y me pregunten si me ha sucedido algo o directamente barrunten sin piedad sobre mí. ¿Habrá tocado mi inspiración a su fin?. Lo cierto es que la resaca veraniega está siendo peor de lo que pensaba. Aún estoy digiriendo con la mayor entereza posible que uno de los hombres a los que mayor estima profesaba (en un pedestal), como es Xabi Alonso, haya abandonado el Real Madrid al más puro estilo Nancy Sinatra. De un día para otro, sin anestesia, y lo que es peor, con el rumor latente de que una presunta infidelidad ha podido acelerar los acontecimientos. 

¿Por qué buscar una hamburguesa fuera cuando tienes solomillo en casa? O mejor dicho, ¿por qué buscar una Russian Red cuando tienes a Nagore Aramburu en casa? Sea como fuere, este oscuro suceso ha aumentado la ya de por sí depresión postvacacional habitual de septiembre. Para un servidor, el período estival ha sido breve, pero intenso. Así se aprecia más, la verdad. Y cuando cruzas el charco en buena compañía, te das cuenta de que una de las mejores cosas de comenzar a ganar dinero es gastarte el dinero con los tuyos.

Igual que lo es observar a la chica más guapa del mundo oteando el horizonte en un rascacielos a 442 metros de altura. O disfrutar con satisfacción cómo su melena se mueve al son de la brisa del Lago Michigan. Viajar es la vida, dicen. Y las instantáneas que te haces (y que te repites hasta alcanzar la perfección), quedarán para la posteridad, pero los recuerdos de un viaje quedan en la retina para siempre y estos sí que son imborrables. Sin duda, son las mejores fotografías que uno puede conservar.

Bueno, antes de enrollarme más de lo debido, iré al grano. "Como decíamos ayer" (Fray Luis de León dixit), el verano no es la mejor época del año para las relaciones sentimentales. En ocasiones, el duro lastre de los problemas de pareja durante el año se acaba pagando curiosamente cuando más deberían resolverse. Una vez más, no tengo respuesta al kit de la cuestión. Como veis, no valdría para ser una especie de Elena Francis del Siglo XXI. En alguna otra ocasión he escrito algo parecido. Pero es evidente que la sociedad actual es educada para sobrevivir en un mundo de competencia feroz, en el que nunca tiene cabida la paciencia. Se premia al corrupto, al frívolo y al que no se esfuerza. Extrapolándolo a las relaciones personas, quizá por ahí radique el problema. No se valora lo suficiente lo que se tiene (incluso después de perderlo), no hay dignidad, no hay una autoexigencia de principios y valores y, sobre todo, no hay conciencia.

No voy a dar lecciones de moralidad a nadie porque quien esté libre de pecado que tire la primera piedra. Pero el problema de cómo queremos en el Siglo XXI es algo que viene de raíz. Recientemente, el brillante (y no menos polémico) Risto Mejide ahondaba en la cuestión en una columna de opinión: "Qué mal nos queremos". ¿Cómo podemos querer a alguien con tanta intensidad y pasión y acto seguido abandonarle con piedad y alevosía? Las cuentas no cuadran. Y es que se habla poco de ella, pero esta crisis, al igual que la económica, abarca tintes dramáticos. Nos queremos mal, no nos tomamos en serio los momentos de soledad para interiorizar lo suficiente y ponemos coto a la velocidad de nuestros actos amorosos por el mero hecho del qué dirán. 

¡Habráse visto! Desde cuándo debes actuar lejos de tus instintos, cabeza o corazón. Lo dicho: todo viene de la educación que se da en la sociedad actual. A colación de esto, a veces me gusta recordar una verdad como un templo a cargo de Luis García Montero: "Quien no quiso caer en la mentira, no sea injusto desde la verdad". Con el auge de las nuevas tecnologías, hablamos más que nunca, pero no nos decimos nada. No es fácil encontrar a tu media langosta, pero una vez que la encuentras todo va rodado. Te enamoras hasta las trancas. De las taras, virtudes, defectos y de hasta esa cara que pone cuando realmente está enfadada.

Atrás quedan tiempos donde estabas dispuesto a desenvainar tu espada invisible creyéndote D'Artagnan para ganar el corazón de tu Julieta. O conquistarla y casarte con ella en el patio del colegio. Ésos sí que eran amores de verdad. Ahí teníamos el control. Ahora hemos pasado del arsenal de paciencia y celos a la coraza silenciosa carente de sentimientos. Y claro, el que sale escaldado, sufre, con un nudo en la garganta, que aprieta pero no ahoga, y se autocompadece repitiéndose que al menos la soledad nunca le va a abandonar. Y, con el autoestima por los suelos y los ojos hinchados por un mar de injustas lágrimas, recuerda con nitidez constantemente aquella conversación de alcoba: "¿Me querrás para siempre?" "Por supuesto". Y piensa en aquella promesa y en que olvidó preguntar: ¿cuánto tiempo es para siempre? Sus lágrimas (repito, injustas) denotan que para siempre, a veces, es sólo un segundo. Ya vuelves a languidecer a la deriva. Sin esperanza.

Con este panorama actual, yo me pregunto: ¿qué fue de los buenos (y, por supuesto, de las buenas)? ¿Ya no está de moda acompañar a tu pareja a casa para que se sienta protegida y agradecida?, ¿o salir de la piscina pitando en busca de la toalla para arroparla y que no se enfríe?; o simplemente, ¿actuar con bondad siguiendo los dictados de tu corazón? Es evidente que todo eso pasó a mejor vida. Nos sobran modas y nos faltan cabezas amuebladas. Parece que hay gente que prefiere destrozar un castillo de confianza fraguado durante años y tirar todo por la borda. Vivir la vida en común con alguien a quien amas es algo realmente especial. Aprender el uno del otro, madurar, equivocarse y acertar juntos. Hoy todo esto parece utópico.

Amig@s despechad@s, que no cunda el pesimismo ni el pánico. El tiempo pasará. Una y otra vez. Algún día volverán las victorias. Los días de cerveza, de regalar rosas, de prometer Lunas y de hedonismo. Los días en que dejaremos de gastarnos el dinero en gilipolleces. Y haremos el amor, nos besaremos hasta que nos duela la boca y haremos el amor de nuevo. Y cuando él o ella diga Ben, él o ella dirá Affleck. Y lloraremos, reiremos y disfrutaremos. Y volverás a tener ganas de comerte el mundo. Y te darás cuenta de lo necesario que es pasar más tiempo con uno mismo, para poder pasarlo con los demás. Y no permitiréis que el orgullo decida por los dos. Y el equilibrio será posible. Y volverá el Cholismo sentimental. Y nos emborracharemos juntos hasta caer rendidos.

Porque como el resistente Ernesto Sábato, yo también creo en los cafés (cortados), en el diálogo, en la dignidad de la persona, en la libertad (y sobre todo, en la BONDAD). Pero también siento nostalgia, casi ansiedad de un infinito, pero humano, a nuestra medida. En mi caso, suertudo donde los haya, tengo motivos de peso para creer. Gané la lotería hace tiempo. En el momento en que ya estaba a punto de entregar la cuchara, gané la batalla. Sin embargo, otros quedaron el camino. Ayudémosles. Los buenos se lo merecen todo. No tengáis duda de que resistiremos juntos. Al fin y al cabo, esto es un reajuste de cuentas.


HAAF

*Para G, claro

martes, 15 de julio de 2014

Y demostrarte alguna estupidez, por ejemplo, que te quiero

No soy nadie especial. Sólo soy un hombre corriente con pensamientos corrientes. Llevo una vida corriente. No soy el mejor novio ni el mejor amigo del mundo. Pero siempre he procurado vivir la vida de forma apasionada, rodeándome de la gente que me gusta. Y amar sin cuartel ni freno de mano. Aunque éso me haya ocasionado más de un disgusto, más de un beso (y más de un bofetón).



Explicar el significado del amor con palabras a veces es más complicado que definir a ciencia exacta conceptos abstractos, como el pragmatismo o el nihilismo.  O conseguir lograr que el equilibrio sea posible. Aunque de vez en cuando una canción, un recuerdo o un simple esbozo de sonrisa permiten clarificar sentimientos sobre la hoja de un papel, lo cierto es que manifestarlos de forma que queden para el recuerdo y la posteridad (de forma nítida) es una presa realmente complicada. Y si a todo ello le unimos la ola de calor inhumana que azota Madrid estos días (sí, el verano ya ha llegado de una puta vez), escribir desciende vertiginosamente de las prioridades en tu vida (imitar a Tom Cruise en Risky Business se convierte en la primera hasta nueva orden). He llegado a la conclusión de que lo único 'positivo' de este calor insoportable (agosto será de agarrarse que vienen curvas), es que estos días puedo perfeccionar constantemente mi pose de ejecutivo chaqueta de traje al hombro.



Sin embargo, no me quejo. Ni mucho menos. Recientemente he disfrutado de un fin de semana inolvidable en Comillas. Para quien no lo conozca, es uno de los parajes más bonitos de nuestro país. Entre bocartes, navajas, rabas y Gin Tonics, me dio tiempo a quemarme (primera noticia eso de que el sol del norte pega tanto que puede abrasarte), pero también a realizar una promesa zalamera de comprarme algún día una casa en ese lugar. Y yo soy de esos cabezones empecinados en sólo prometer cuando se puede prometer. 

Con todo, y a pesar de que todo el mundo sabe que soy el más fiel (además de impulsor) acérrimo del Cholismo sentimental, soy de los que piensa que el amor se demuestra más allá de ir cita a cita, día a día, partido a partido. Nadie sabe a ciencia cierta qué cojones significa esto del amor, pero todos experimentamos con mayor o menor éxito. Sin duda, la lección más valiosa que he aprendido en los últimos tiempos es que en esta vida todo cambia de un día para otro. "La vida pasa a una velocidad de vértigo". Marc Levy tenía razón, por lo que nunca debes de dejar demostrar a los tuyos cuánto les quieres. 

*Mis más sinceras disculpas por todos los laísmos que se repiten a continuación. Necesidades del guion.

Y con ella, sigue los dictados de tu corazón. Si la quieres, demuéstraselo a diario. Aunque a veces lo olviden, ellas son conscientes de que toda mujer merece tener un hombre que la valore, que la respete, que la ame. Y sobre todo, que se lo demuestre. Acompáñala siempre a casa. Mímala, bésala y tócala lo suficiente para que se sienta querida en todo momento. Hazla cosquillas en la espalda y conseguirás que se estremezca. Abrígala cuando haga frío y procura que no se moje, salvo que bailéis bajo la lluvia. Hazla sentirse protegida y comprendida con los problemas de la rutina diaria. Llévate bien con su familia y sus amigos, ya que algún día podrán ser los tuyos. No la agobies nunca. Deja que cada uno tenga su espacio y su vida más allá de la pareja.


Disfruta de los momentos que sólo tú y ella sabéis. Cómprala flores, porque no hay nada más bonito que regalar flores con el corazón. Invítala a comer y a cenar, no por ser un día especial, sino porque te sale de dentro hacerlo. Besayunar juntos en la cama perreando durante horas, porque no hay nada mejor que vaguear y retozar sin mirar el reloj disfrutando sin cesar. Hazla reír todos los días. Soñad juntos. Dala buena conversación, porque la química y la llama han de mantenerse vivas. Cuando te enfades con ella, mírala a los ojos y cuenta hasta diez. Piensa que (casi) todo en esta vida tiene solución. Sé fiel, porque estropear lo fraguado durante mucho tiempo no sólo es traicionarte a ella, a ti mismo y a tu corazón, sino del género tonto, gilipollas, inmaduro y estúpido. 

Tararea canciones que te recuerdan a ella constantemente. Cógela siempre con ganas e ilusión. Os mandáis e-mails en el trabajo. No acabéis con esa costumbre porque es una muestra de romanticismo al más puro estilo siglo XXI. Deja por escrito que nunca la vas a abandonar. Jamás la insultes. Dila que la quieres sólo cuando realmente te mueras por decírselo. Planear vuestro futuro juntos, sin prisa pero sin pausa, dando los pasos adecuados. Compárala con cualquier comida (por ejemplo: un sobao)porque la harás disfrutar. Y la harás sentirse querida. Confía en ella porque sin confianza una relación está abocada al fracaso. Imagina tu vida junto a ella dentro de 30 o 40 años. Y si sonríes imaginándolo es que puede hacerse realidad.

Enamórate de sus pequeñas idiosincrasias, porque si Dios quiere pasarás con ellas (y disfrutarás de ellas) indefinidamente. Sed kamikazes enamorados y conseguiréis sentiros jóvenes eternamente. Perdónala en sus peores días con la mejor de tus comprensiones, como haría ella. Sé celoso y orgulloso, pero sólo lo justo y necesario. Llévala de viaje a París, y disfrutad de un atardecer en el Sena desde el mágico Bateau Mouche.  

Echo la vista atrás y me doy cuenta de que soy exactamente igual que hace diez años. Ya no leo con atención novelas de Martín Casariego, escucho en bucle los discos de Maná o cortejo a través del Messenger. Pero sigo siendo el mismo romántico empedernido e incorregible de siempre. Porque lo más bonito que te puede pasar en la vida es que ames y seas correspondido. Sólo concibo vivir la vida a tu lado, haciéndote la mujer más feliz del mundo y envejeciendo juntos. Y demostrarte a diario alguna estupidez, por ejemplo, que te quiero.

PD: Eres el queso de mis macarrones.




HAAF


viernes, 23 de mayo de 2014

Pequeñas idiosincrasias

Confieso que ha sido una tarea verdaderamente ardua comenzar a escribir tras la borrachera que me he agarrado de Cholismo (sentimental y del otro) en los últimos tiempos. Afortunadamente, no hay mejor antídoto contra la resaca que sentarte a expresar lo que sientes al abrigo de una buena cerveza. Y los largos paseos de primavera por las calles de Madrid, ayudan, siempre que la alergia te lo permita.
Hoy me apetece romper una lanza a favor de todas aquellas taras que, como personas imperfectas que somos, forman parte de nuestra existencia. Sin embargo, parece que dichas taras que nos acompañan ayudan a fomentar un pensamiento in crescendo en los tiempos que corren: querer no está de moda. Para muchos, los defectos de tu pareja ayudan a que pronto se esfume la magia tras la lógica pasión inicial, a que tu atracción física por él/ella se vea aminorada o incluso a que desaparezca cualquier sentimiento de amor. Nada más lejos de la realidad. Amig@s, los pequeños 'defectos' son un tesoro. Mis escasos (pero como siempre digo, muy valiosos) lectores habrán podido observar que en muchas ocasiones esbozo un guiño a una de mis películas predilectas: El indomable Will Hunting. Pues bien, en una sublime escena entre Matt Damon y Robin Williams, éste le insta a no cerrar la puerta al amor, y menos, a dejar escapar la oportunidad de conocer a una chica por miedo. No hay nada como que te abran los ojos y te despejen la mente con impagables consejos.

"Quizá lo que te preocupa es que tú dejes de ser perfecto. Te has montado una filosofía perfecta. De ese modo podrás pasar toda tu vida sin conocer a nadie de verdad.

Mi mujer se tiraba pedos cuando estaba nerviosa. Tenía esos pequeños detalles que le hacían maravillosa. Se tiraba pedos mientras dormía. Una vez soltó uno tan fuerte que despertó al perro. Ella se despertó y dijo: "¿Has sido tú? Y le dije "Sí".

Lleva muerta dos años y sólo recuerdo estas chorradas. Son maravillosas sabes. Estos pequeños detalles son una de las cosas que encuentro a faltar. Las pequeñas idiosincrasias, como yo las llamaba, la convertían en mi mujer. Y ella sabía muchas cosas sobre mí, conocía todos mis pecadillos. La gente llama a estas cosas defectos, pero no lo son. Son lo mejor. Nosotros escogemos a quien dejamos entrar en nuestro mundo.

No eres perfecto amigo y voy a ahorrarte el suspense. La chica que conociste tampoco es perfecta. Lo único que importa es si sois perfectos como pareja. Ésa es la clave. La intimidad se basa en eso".

Sería un error caer en la generalización constante de que hoy en día quedan cuatro románticos que crean en esto de las pequeñas idiosincrasias, y por ende, del amor. Porque no es así y porque me niego a pensarlo. Porque por ahí fuera hay muchos que quieren a su pareja y, sobre todo, que lo demuestran. Con cariño, mimo y respeto. El problema es que a veces esas personas agazapan sus sentimientos, en plan aficionados del Atlético de Madrid. Y luego aparecen y uno se pregunta: ¿de dónde ha salido tanto colchonero? ¿Dónde han estado todo este tiempo?  Esto es tres cuartos de lo mismo. Hay que pensar que cuando menos te lo esperas, ganas y celebras ese triunfo rompiendo el tópico tan socorrido de que la primavera sentimental no llega. 

Volviendo al tema que nos concierne, hay cientos de ejemplos de personas enamoradas de las pequeñas idiosincrasias. Siguiendo con el símil futbolero, durante la éxtasis nocturna de la celebración del título liguero del Atlético, observé con admiración cómo una colchonera (feliz) enfundaba constantemente, con cierto éxito, su bufanda rojiblanca a su novio. Él, más que probable madridista de corazón, ponía cara de circunstancias, pero su sonrisa le delataba. En el fondo, estaba encantado. Su chica era feliz. Y todo lo demás no importaba. Diréis que con la final de la Champions será distinto. Puede ser. Dicen que en el amor y en la guerra no hay amigos. Y en el fútbol, tampoco. Pero aunque seamos la generación que cruza en rojo sin mirar, quizá podamos aprender una valiosa lección. Hay que relativizar los problemas, buscar soluciones y poner al mal tiempo buena cara. Me explico.

¿Pierde el Real Madrid? ¿Pierde el Atlético de Madrid? Bueno, ya ganarán. ¿Está lloviendo a cántaros y tú habías maquinado un plan al solecito? Pues lo sustituyes por una tarde de peli y manta (planazo, ¿eh?), que vale más que cualquier viaje por el mundo. Conforme escribo esto, me doy cuenta de lo mayor que me estoy haciendo. Y no entiendo por qué. Cuento unas historias de abuelo cebolleta, que si mis amigos me leyesen (¡Dios me libre!), me harían una Intervención, al más puro estilo Cómo conocí a vuestra madre. Y a lo que yo quería llegar antes de irme por los cerros de Úbeda es que en esta vida, casi todo tiene solución. Sólo hay que dar con la tecla adecuada.

Lo cierto es que se me había olvidado cómo era esto de ser feliz en primavera. La lluvia se resiste espartanamente a abandonarnos, pero yo le veo el lado positivo hasta a esperarte en Casa Paco. Y al olor a tierra mojada, que me apasiona tanto o más que el olor a café. Del verano ya hablaremos otro día, aunque parece que es la época en la que la gente le gusta tirarse a la piscina del adulterio o de los amores imposibles estivales. Con lo fácil que es darse cuenta de que los amores verdaderos se fraguan entre la improvisación y la cerveza. Y se cuidan regándolos a diario, siendo conscientes de que no tiene nada que ver con lo que esperas conseguir, sino con lo que esperas dar a la otra persona, que es todo (Katharine Hepburn dixit). Éso te lo da la experiencia y el ir haciendo callo con los años.

Antes de caer en la zozobra en bucle (¿será porque me he convertido en un acérrimo a los blogs amorosos de GQ?), vuelvo a reiterar lo importante que es disfrutar del día a día. Saborear cada segundo de nuestra existencia como el Gin Tonic en copa de balón. Deberíamos vivir más y compartir menos nuestra vida. Menos redes sociales y menos gaitas. La felicidad está en las cosas sencillas. Y en combatir el cansancio durmiendo y soñando contigo. Por el momento no tengo nada más que decir. Ah, se me olvidaba lo más importante. ¡Que viva el amor valiente!

HAAF

* "Hace tiempo que yo ya no sonreía tanto".


miércoles, 23 de abril de 2014

Cholismo sentimental: cita a cita

Él viajaba a la deriva observando cientos de lunas pasar.
Ella soñaba con que le brindase una segunda oportunidad.
Él enjugaba sus lágrimas con orgullo y sin apenas piedad.
Ella aguardaba en silencio agazapada y haciéndose notar.

No hizo falta mucho más. Lo mejor estaba por llegar.
Porque entonces él se dio cuenta de una obviedad.
Que ella consigue aparcar el ocaso y la soledad.
Y eso es un boleto de lotería que ya tocaba cobrar.

Aparquemos el tiempo perdido, comencemos a soñar.
Parece que nuestros caminos se han vuelto a cruzar.
Los designios del destino quizá consistan en madurar.
Y en querernos como nadie se haya querido jamás.


Un genio como John Lennon dio en su día en el clavo al promulgar aquello de la que vida es eso que pasa mientras tú haces otros planes. Y es completamente cierto. Malgastamos la mayor parte de nuestro tiempo en planificar nuestras vidas perfectas. Y la realidad nos golpea con su cruel látigo sin piedad. O con su dulce mordaza, según se mire. Debemos luchar por cumplir nuestros sueños, pero siendo conscientes de que ser plenamente feliz es una quimera y una peligrosa utopía.

Sin duda, uno de los grandes secretos del amor (aunque como sabéis, del amor sé poco, como de casi nada), es la honestidad. Honestidad ya no sólo con tu pareja, con tu mujer o con la chica de tus sueños. Honestidad contigo mismo. Con lo que sientes. ¿y qué sentimos? Pues alegría, dolor, tristeza, satisfacción, placer, angustia, respeto, admiración...

Algunos os preguntaréis: en el amor, ¿qué es eso de la ilusión? Para mí, ilusión es que el tiempo se te vuelva a pasar volando junto a una mujer tras haber jurado y perjurado que no volverías a dejarte llevar. Ilusión es que, aunque nunca se lo digas, te encante su olor, sus besos y su mirada. Ilusión es que quieras que ese abrazo dure eternamente. Que las noches de pasión duren hasta el alba sin mirar el reloj. Que las ojeras mañaneras sean fruto del trasnoche y de tu voz. Que tus manos y las mías se junten en perfecta conexión. Ilusión es no caer en la rutina. Es soñar con viajar juntos a cualquier otra parte. Es recordar el sufrimiento del pasado con una sonrisa de madurez. Es que el tiempo se detenga de repente y que tu mente y tus sentimientos se clarifiquen asombrosamente. Ilusión es química. Es observarle dormida con profunda satisfacción mientras te invade la felicidad. Ilusión es también comerte sus palomitas. Es cervecear y emborracharos un martes. Ilusión es que desayunar no sea tan fácil como parece. 

Ilusión es bailar creyéndote Patrick Swayze por el mero hecho de hacerla reír. Ilusión es mimarla, cuidarla y respetarla para que no vuelva a llorar ginebra. ¡Qué coño! Que llore ginebra, pero de placer por retozar juntos en la cama mañana, tarde y noche. O ducharnos y siestear entre sábanas y persianas.


Ilusión es lograr el equilibrio en el pulso de cabeza y corazón. Porque el equilibrio es posible. Ilusión es jugar a ser magos con nuestros pensamientos, sentimientos e imaginación. Ilusión es crecer y madurar juntos y ser el hombro mutuo en el que llorar por los golpes de la vida. Ilusión es entender que hay vidas que no podemos dejar cruzadas. Por eso es tan importante ser sincero contigo mismo. Porque el día menos pensado, el destino te tiene reservada otra oportunidad. Sí, para ti. Quizá una oportunidad que tú no habías visto (o no habías querido ver). Pero tienes miedo: te aterroriza decir lo que sientes. Y sentir lo que sientes. Pero no hay que tener miedo. Hay que afrontar lo que venga con madurez, aprendiendo de los errores del pasado y encarando el futuro con ganas e ilusión. Ilusión es que si algún día piensas que te falta ilusión, te des cuenta de que seguirías matando por cinco minutos más con esa persona. Y después os reconciliéis brindando y bailando cual noche de bodas anegada de vino, rosas y champagne, con un mensaje grabado en el corazón y en la cabeza: si algo que merece la pena se rompe, se arregla, no se tira a la basura.

A mis casi 25 primaveras, sé poco de la vida. Pero sé que ahora quiero estar contigo. Partido a partido. Cita a cita. Final a final. Me apunto a la filosofía del Cholismo también en su versión sentimental. Sin agobios. Sin prisas. Pensándolo en frío, al final pasó lo que tenía que pasar. Que Will se fue a por Skylar. Que Noah esperó a Allie. Que Landon se casó con Jamie. Que Diego volvió a por Martina. Y que Forrest cuidó de Jenny. Sin duda, en la vida lo importante no es adónde vas, sino con quién viajas. Y este viaje quiero hacerlo a tu lado.

Te prequiero.

Te prequiero mucho


HAAF

*"Te garantizo que habrá épocas difíciles. Te garantizo que en algún momento uno de los dos o los dos querremos dejarlo todo, pero también te garantizo que si no te pido que seas mía, me arrepentiré durante el resto de mi vida, porque sé en lo más profundo de mi ser que estás hecha para mí".

**"Sean, if the Professor calls about that job, just tell him: sorry, but I had to go see about a girl".