Mostrando entradas con la etiqueta Ocaso. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ocaso. Mostrar todas las entradas

viernes, 29 de mayo de 2015

Extrema riqueza‏

Él abrió su corazón sin saber dónde iba aquello a parar.
Ella captó el mensaje a través del Cholismo sentimental.
Él sonríe feliz y enamorado cada mañana al despertar.
Ella le da los "buenos días" con calor prematrimonial.

Los meses pasan y el amor entre ambos crece sin cesar.
Quizá es que saben que esta relación nunca va a menguar.
Ambos coinciden en que esta oportunidad no se debe escapar.
Se quieren hasta los defectos y encima lo hacen a rabiar.

Mas quien esté pensando en boda debe ser cauto y esperar.
De momento ellos son felices celebrando cada 29 en un bar.
Él trata de demostrar su amor por ella fiel y reverencial.
Porque servidor se siente en una extrema riqueza sideral.

En tiempos donde las victorias pasan por mi lado (confío en que para quedarse) y donde uno vive la vida de forma frenética, no es fácil pararse a pensar en todo lo que está pasando. A mí, como a muchos otros, le gusta escribir. ¿Por qué? No sé si por placer, por vocación periodística, por expresar mis emociones o simplemente, por desahogarme. Así, pues tras una temporada de fe perfecta y de éxitos profesionales y personales, uno tiene ganas de reflexionar las casualidades y las causalidades y sobre el por qué de las cosas. No me cabe la menor duda de que en estos 14 meses de triunfos tú tienes un porcentaje muy alto de culpa. Recuerdo el miedo y las dudas que nos asaltaban al empezar, pensando en que quizá cometeríamos los (grandes) errores de antaño de nuevo. Pero aquí estamos, queriéndonos como dos idiotas. También en los días raros, en los días de celos y de enfados sin sentido.


Las victorias hay que ganárselas, amigos. Es cierto que a veces la suerte nos es esquiva, que en ocasiones ponemos todo de nuestra parte y que nos llevamos un palo del que cuesta un mundo recuperarse. Que aunque nos ganemos el no, una y mil y veces caemos en la misma piedra. Y que hay personas que parecen tener un máster en hacer de perro del hortelano. Pero, aunque no os lo creáis, un día todo cambia. Ya no tienes ese odio, esa impotencia y ese sufrimiento. Ya no escuece igual. Ya es irrelevante que esa persona lea o no tus reflexiones o las de otras personas dolidas. Ya no pides su auxilio. Ya no piensas aquello de: "En un día de estos en que suelo pensar, hoy va a ser el día menos pensado". Ya se acabó el largo duelo y los inviernos fríos.

Durante años, anduviste en busca de la felicidad sin darte cuenta de que la felicidad es otra cosa. No es esa obsesión por añorar lo que nunca fue y pudo ser. La felicidad estaba más cerca de lo que creías. La felicidad es esa nueva mujer, con la que te despiertas un día al alba, la observas dormida, te levantas y mientras dejas que la brisa veraniega te envuelva, piensas en que te has enamorado de una mujer que duerme doce horas al día y tiene once tipos de queso en su nevera. Y sonríes de nuevo como un idiota. Ése es el verdadero amor, la verdadera felicidad. No hay más secreto. El chip ya ha cambiado para siempre. Cada uno elige su propio destino, su propia suerte.

Por ello, a los que preguntan impacientes desde la deriva por qué luchan cual espartanos sin éxito en esto del amor, les digo que sólo es cuestión de encontrar a la persona indicada. Que se dejen de amores imposibles y platónicos. Que lo de esperar está muy bien, pero que la vida no es una película o una canción de Maná. Que la primera vez que alguien te hace daño es culpa suya, pero la segunda vez es culpa tuya. No os escudéis en lo que un día promulgó Ted Mosby: "Haz cosas malas y te pasarán cosas buenas". Porque no es cierto. No es que crea especialmente en el Karma, pero sí en que el tiempo pone a cada uno en su sitio. Sin duda, toda mujer merece tener un hombre que la valore, que la respete, que la ame. Y sobre todo, que se lo demuestre. Pero espabilad, sed inteligentes (y listos, que no es lo mismo) y haced caso a Platón, pero no al pie de la letra: "No existe hombre tan cobarde como para que el amor no pueda hacerlo valiente y transformarlo en héroe". Ya, Platón, pero es que hay cobardes que siempre serán cobardes.

Y es que a mí me gusta mucho leer a sabios que manifiestan sus sentimientos y escriben mucho mejor de lo que yo lo haré jamás. Hace poco me topé con un escrito de alguien hasta la fecha desconocido para mí: Pablo Arribas. De su brillante post "Sal con un valiente", me quedo con el final: "Lo único que verdaderamente se pierde en la vida son oportunidades".

Aprovechad las oportunidades (que llegarán), porque luego viene lo mejor. Te despiertas y acuestas pensando en ella, se te hace la boca agua pensando en cualquier plan juntos y, cada vez que sufres en el trabajo o en el deporte, ella te equilibra y te da fuerzas para seguir en la brecha y sacar todo adelante.

El tiempo, las hostias en forma de napalm sentimental, las recaídas, el ocaso y, sobre todo, los años, te hacen ver todo con mucha más perspectiva. Así que, amigos, sed valientes (sí, lo repito), fieles y amar mucho y muy apasionadamente. Porque como a ti te gusta decir, no sólo te quiero mucho, sino que te quiero muy fuerte. Y después de las victorias, vendrán los fracasos, pero lo importante es que vendrán contigo. Gracias por quererme, pero gracias por demostrármelo cada día. Estar enamorado hasta la médula y ser correspondido es lo mejor que te puede pasar en esta vida.



HAAF

*A G, siempre a G

martes, 15 de julio de 2014

Y demostrarte alguna estupidez, por ejemplo, que te quiero

No soy nadie especial. Sólo soy un hombre corriente con pensamientos corrientes. Llevo una vida corriente. No soy el mejor novio ni el mejor amigo del mundo. Pero siempre he procurado vivir la vida de forma apasionada, rodeándome de la gente que me gusta. Y amar sin cuartel ni freno de mano. Aunque éso me haya ocasionado más de un disgusto, más de un beso (y más de un bofetón).



Explicar el significado del amor con palabras a veces es más complicado que definir a ciencia exacta conceptos abstractos, como el pragmatismo o el nihilismo.  O conseguir lograr que el equilibrio sea posible. Aunque de vez en cuando una canción, un recuerdo o un simple esbozo de sonrisa permiten clarificar sentimientos sobre la hoja de un papel, lo cierto es que manifestarlos de forma que queden para el recuerdo y la posteridad (de forma nítida) es una presa realmente complicada. Y si a todo ello le unimos la ola de calor inhumana que azota Madrid estos días (sí, el verano ya ha llegado de una puta vez), escribir desciende vertiginosamente de las prioridades en tu vida (imitar a Tom Cruise en Risky Business se convierte en la primera hasta nueva orden). He llegado a la conclusión de que lo único 'positivo' de este calor insoportable (agosto será de agarrarse que vienen curvas), es que estos días puedo perfeccionar constantemente mi pose de ejecutivo chaqueta de traje al hombro.



Sin embargo, no me quejo. Ni mucho menos. Recientemente he disfrutado de un fin de semana inolvidable en Comillas. Para quien no lo conozca, es uno de los parajes más bonitos de nuestro país. Entre bocartes, navajas, rabas y Gin Tonics, me dio tiempo a quemarme (primera noticia eso de que el sol del norte pega tanto que puede abrasarte), pero también a realizar una promesa zalamera de comprarme algún día una casa en ese lugar. Y yo soy de esos cabezones empecinados en sólo prometer cuando se puede prometer. 

Con todo, y a pesar de que todo el mundo sabe que soy el más fiel (además de impulsor) acérrimo del Cholismo sentimental, soy de los que piensa que el amor se demuestra más allá de ir cita a cita, día a día, partido a partido. Nadie sabe a ciencia cierta qué cojones significa esto del amor, pero todos experimentamos con mayor o menor éxito. Sin duda, la lección más valiosa que he aprendido en los últimos tiempos es que en esta vida todo cambia de un día para otro. "La vida pasa a una velocidad de vértigo". Marc Levy tenía razón, por lo que nunca debes de dejar demostrar a los tuyos cuánto les quieres. 

*Mis más sinceras disculpas por todos los laísmos que se repiten a continuación. Necesidades del guion.

Y con ella, sigue los dictados de tu corazón. Si la quieres, demuéstraselo a diario. Aunque a veces lo olviden, ellas son conscientes de que toda mujer merece tener un hombre que la valore, que la respete, que la ame. Y sobre todo, que se lo demuestre. Acompáñala siempre a casa. Mímala, bésala y tócala lo suficiente para que se sienta querida en todo momento. Hazla cosquillas en la espalda y conseguirás que se estremezca. Abrígala cuando haga frío y procura que no se moje, salvo que bailéis bajo la lluvia. Hazla sentirse protegida y comprendida con los problemas de la rutina diaria. Llévate bien con su familia y sus amigos, ya que algún día podrán ser los tuyos. No la agobies nunca. Deja que cada uno tenga su espacio y su vida más allá de la pareja.


Disfruta de los momentos que sólo tú y ella sabéis. Cómprala flores, porque no hay nada más bonito que regalar flores con el corazón. Invítala a comer y a cenar, no por ser un día especial, sino porque te sale de dentro hacerlo. Besayunar juntos en la cama perreando durante horas, porque no hay nada mejor que vaguear y retozar sin mirar el reloj disfrutando sin cesar. Hazla reír todos los días. Soñad juntos. Dala buena conversación, porque la química y la llama han de mantenerse vivas. Cuando te enfades con ella, mírala a los ojos y cuenta hasta diez. Piensa que (casi) todo en esta vida tiene solución. Sé fiel, porque estropear lo fraguado durante mucho tiempo no sólo es traicionarte a ella, a ti mismo y a tu corazón, sino del género tonto, gilipollas, inmaduro y estúpido. 

Tararea canciones que te recuerdan a ella constantemente. Cógela siempre con ganas e ilusión. Os mandáis e-mails en el trabajo. No acabéis con esa costumbre porque es una muestra de romanticismo al más puro estilo siglo XXI. Deja por escrito que nunca la vas a abandonar. Jamás la insultes. Dila que la quieres sólo cuando realmente te mueras por decírselo. Planear vuestro futuro juntos, sin prisa pero sin pausa, dando los pasos adecuados. Compárala con cualquier comida (por ejemplo: un sobao)porque la harás disfrutar. Y la harás sentirse querida. Confía en ella porque sin confianza una relación está abocada al fracaso. Imagina tu vida junto a ella dentro de 30 o 40 años. Y si sonríes imaginándolo es que puede hacerse realidad.

Enamórate de sus pequeñas idiosincrasias, porque si Dios quiere pasarás con ellas (y disfrutarás de ellas) indefinidamente. Sed kamikazes enamorados y conseguiréis sentiros jóvenes eternamente. Perdónala en sus peores días con la mejor de tus comprensiones, como haría ella. Sé celoso y orgulloso, pero sólo lo justo y necesario. Llévala de viaje a París, y disfrutad de un atardecer en el Sena desde el mágico Bateau Mouche.  

Echo la vista atrás y me doy cuenta de que soy exactamente igual que hace diez años. Ya no leo con atención novelas de Martín Casariego, escucho en bucle los discos de Maná o cortejo a través del Messenger. Pero sigo siendo el mismo romántico empedernido e incorregible de siempre. Porque lo más bonito que te puede pasar en la vida es que ames y seas correspondido. Sólo concibo vivir la vida a tu lado, haciéndote la mujer más feliz del mundo y envejeciendo juntos. Y demostrarte a diario alguna estupidez, por ejemplo, que te quiero.

PD: Eres el queso de mis macarrones.




HAAF


martes, 24 de junio de 2014

Cuando éramos reyes

En un país como España, con 40 millones de seleccionadores de fútbol (Don Luis Aragonés dixit), la frontera que marca la alegría de la tristeza y el éxito del fracaso es más estrecha que la cintura de la novia de Fernando Alonso. Nos envalentonamos con las victorias, acompañándolas de un orgullo patrio al más puro estilo norteamericano. Pero languidecemos en las derrotas, presos de la pesadumbre, tratando de ocultar nuestro pánico bajo una coraza de argumentos radicales, sin sentido, contradictorios y, sobre todo, demagogos. Ahora bien, siempre gritando. Porque todo español de bien para reforzar cualquier idea y que nadie le quite la razón, utiliza un tono de voz que va in crescendo conforme aumentan las copas ingeridas y disminuyan los argumentos de peso.

A lo que iba. Que, como Umbral, yo venía a hablar de mi libro y me he ido por los cerros de Úbeda. El fútbol, de la mano de la selección española, es la manera perfecta de ejemplificar todo esto. Tras un éxito sin precedentes, como fue conquistar Eurocopa, Mundial y Eurocopa de manera consecutiva, España se presentaba en Brasil con una pose de favorito, que ni John Wayne, con su voz y sus andares míticos. Y claro, el batacazo ha sido tremendo. Nadie lo esperaba. Ni los más agoreros acertaron a vaticinar que España caería a las primeras de cambio en la fase de grupos. Y llegando sin opciones al tercer partido tras ser vapuleada en los dos primeros.

Los holandeses nos tenían ganas. Normal. En Sudáfrica tuvieron la tercera posibilidad de estampar la estrella de campeón en su pecho y un manchego de 1,70 con cara de no haber roto un plato en su vida acabó con sus ilusiones. Por eso nos machacaron sin compasión. Nos la tenían jurada. Mientras, Chile se tomó como algo personal el hecho de poder eliminar a España y hacer suyo el calificativo de la verdadera Roja, aunque sólo sea por un tiempo. Y de repente, España se quedó compuesto y sin Mundial, más melancólico que alguien canturreando en un karaoke 19 días y 500 noches. La porquería de un vestuario roto salió a flote y la pachanga de solteros contra casados ante Australia se convirtió en la pesadilla que nunca jamás pensamos que sucedería.

Los periodistas, ávidos de sangre y de buscar culpables, se tiraron a degüello a las primeras de cambio. El blanco era fácil: Xabi Alonso. El único capaz de sacar una pizca de dignidad reconociendo la falta de ambición en un ejercicio de autocrítica ejemplar. Pero el pueblo, que para lo que quiere sí es soberano, afiló el cuchillo entre los dientes y saltó en defensa del tolosarra. Y a continuación, brotaron más que nunca los seleccionadores que llevamos dentro. De los que hablaba Luis.

Afloraron múltiples y variados análisis, desde los más simplistas: "La culpa la tiene Del Bosque, que es un antimadridista y ha hecho una lista en plan Zapatero, para quedar bien y además contentar a sus vacas sagradas y amiguitos"; hasta los más profundos y sensatos: "No han ido los 23 jugadores que mejor en forma estaban y lo hemos pagado. A eso hay que unirle la falta de ambición y motivación y el desgaste físico. Las temporadas con los equipos son muy largos y los jugadores han llegado sin piernas"; pasando por los adivinos: "Esto se veía venir, ya lo decía yo", o los ansiosos por saldar cuentas pendientes: "Lo de que hayan ido Villa y Torres es de chiste. Y Casillas, que ya no es lo que era. Desde que está con la Carbonero, es el topor del Madrid y de la Selección".

Puede que todos tengan un poquito de razón. O ninguna. Pero lo cierto es que con un vestuario dividido, un seleccionador cuestionado y casi una decena de jugadores míticos en su Ocaso deportivo, el panorama a medio plazo en la Selección se antoja desolador. Sin duda, esta España de fútbol ha hecho llorar ahora a millones de niños españoles, ha provocado pérdidas millonarias para los medios de comunicación, ha estropeado porras mundialistas de amiguetes y, en definitiva, ha reabierto viejos fantasmas que creíamos olvidados. Las palabras "fracaso" y "ridículo" han vuelto a formar parte de nuestro diccionario. Y cuando a uno, en caliente, le recuerdan constantemente a todas horas lo grandes que hemos sido, que tenemos que estar agradecidos por tanto, que aquel equipo del tiki-taka será irrepetible, que el estilo es innegociable... en lugar de esbozar una sonrisa y dejar caer una lágrima de orgullo, uno se cabrea y dan ganas de bajarse de cualquier carro que invite al optimismo. Luego, en frío, uno lo analiza y piensa que los expertos analistas y los Periodistas tienen razón (¡uy lo que digo!). 

Porque los españoles, además de feos, fuertes y formales, somos muy temperamentales, orgullosos y cabezotas. Pero también sabemos ser sensatos, coherentes y razonables. Y a sentimentales y apasionados nos ganan pocos. Porque los niños que hoy lloran de pena por la debacle mundialista, en su adolescencia lo harán de alegría. Porque a esos mismos niños quizá haya que enseñarles la relativa importancia de las victorias para que sepan valorarlas en su justa medida. Porque los periódicos de hoy llenarán las basuras de mañana y pronto las crónicas hablarán de nuevo de nuestras gestas y éxitos. Porque muchos de nuestros abuelos no pudieron disfrutar y saborear en vida lo que es ganar un Mundial. Porque nuestros padres crecieron con los fallos de Cardeñosa, Salinas y Zubizarreta. Porque aunque se pierda una porra mundialista, siempre habrá una buena excusa para quedar con los amigos de toda la vida para charlar, brindar y reír. Porque de bien nacidos es ser agradecidos y aunque la gloria es efímera, el legado es eterno. Porque podremos contar a nuestros nietos dónde vimos el gol de Torres a Alemania, el gol de "todos" de Iniesta o los penaltis contra Italia o Portugal. Porque por mucho que pasen los años de largo en nuestra vida, el Informe Robinson del Mundial de Sudáfrica seguirá poniéndonos los pelos de punta. En definitiva, porque el campeón va a volver. Siempre tiene alguna razón para volver.

El deporte es saber ganar y saber perder. A buen seguro, las lágrimas de hoy nos servirán para hacernos más fuertes el día de mañana. Así aprenderemos a levantarnos de las dolorosas derrotas. Lamiéndonos las heridas y volviendo a trabajar por volver a luchar por los éxitos. Hemos caído noqueados sobre la lona del ring y estamos KO, pero nos levantaremos de ésta. Si algo hemos aprendido con este ciclo histórico de la edad de oro del deporte español es que España ya no es de los que se queda anclado en cuartos o tuerce el gesto recordando los mundiales pasados. Que nos quiten lo bailao. Pase lo que pase, siempre que nos toquemos el pecho o bajemos la mirada, encima de nuestro escudo brillará radiante nuestra estrella de campeones del mundo. Y entonces recordaremos cuando éramos reyes. No lo olviden, España ya es de los que mata a todos los hombres malos y al final se queda con la chica. Sólo tenemos que encontrar la chica adecuada para volver a ser a ser reyes. Porque ya somos eternos. Y tenemos corazón de campeones.

HAAF



miércoles, 23 de abril de 2014

Cholismo sentimental: cita a cita

Él viajaba a la deriva observando cientos de lunas pasar.
Ella soñaba con que le brindase una segunda oportunidad.
Él enjugaba sus lágrimas con orgullo y sin apenas piedad.
Ella aguardaba en silencio agazapada y haciéndose notar.

No hizo falta mucho más. Lo mejor estaba por llegar.
Porque entonces él se dio cuenta de una obviedad.
Que ella consigue aparcar el ocaso y la soledad.
Y eso es un boleto de lotería que ya tocaba cobrar.

Aparquemos el tiempo perdido, comencemos a soñar.
Parece que nuestros caminos se han vuelto a cruzar.
Los designios del destino quizá consistan en madurar.
Y en querernos como nadie se haya querido jamás.


Un genio como John Lennon dio en su día en el clavo al promulgar aquello de la que vida es eso que pasa mientras tú haces otros planes. Y es completamente cierto. Malgastamos la mayor parte de nuestro tiempo en planificar nuestras vidas perfectas. Y la realidad nos golpea con su cruel látigo sin piedad. O con su dulce mordaza, según se mire. Debemos luchar por cumplir nuestros sueños, pero siendo conscientes de que ser plenamente feliz es una quimera y una peligrosa utopía.

Sin duda, uno de los grandes secretos del amor (aunque como sabéis, del amor sé poco, como de casi nada), es la honestidad. Honestidad ya no sólo con tu pareja, con tu mujer o con la chica de tus sueños. Honestidad contigo mismo. Con lo que sientes. ¿y qué sentimos? Pues alegría, dolor, tristeza, satisfacción, placer, angustia, respeto, admiración...

Algunos os preguntaréis: en el amor, ¿qué es eso de la ilusión? Para mí, ilusión es que el tiempo se te vuelva a pasar volando junto a una mujer tras haber jurado y perjurado que no volverías a dejarte llevar. Ilusión es que, aunque nunca se lo digas, te encante su olor, sus besos y su mirada. Ilusión es que quieras que ese abrazo dure eternamente. Que las noches de pasión duren hasta el alba sin mirar el reloj. Que las ojeras mañaneras sean fruto del trasnoche y de tu voz. Que tus manos y las mías se junten en perfecta conexión. Ilusión es no caer en la rutina. Es soñar con viajar juntos a cualquier otra parte. Es recordar el sufrimiento del pasado con una sonrisa de madurez. Es que el tiempo se detenga de repente y que tu mente y tus sentimientos se clarifiquen asombrosamente. Ilusión es química. Es observarle dormida con profunda satisfacción mientras te invade la felicidad. Ilusión es también comerte sus palomitas. Es cervecear y emborracharos un martes. Ilusión es que desayunar no sea tan fácil como parece. 

Ilusión es bailar creyéndote Patrick Swayze por el mero hecho de hacerla reír. Ilusión es mimarla, cuidarla y respetarla para que no vuelva a llorar ginebra. ¡Qué coño! Que llore ginebra, pero de placer por retozar juntos en la cama mañana, tarde y noche. O ducharnos y siestear entre sábanas y persianas.


Ilusión es lograr el equilibrio en el pulso de cabeza y corazón. Porque el equilibrio es posible. Ilusión es jugar a ser magos con nuestros pensamientos, sentimientos e imaginación. Ilusión es crecer y madurar juntos y ser el hombro mutuo en el que llorar por los golpes de la vida. Ilusión es entender que hay vidas que no podemos dejar cruzadas. Por eso es tan importante ser sincero contigo mismo. Porque el día menos pensado, el destino te tiene reservada otra oportunidad. Sí, para ti. Quizá una oportunidad que tú no habías visto (o no habías querido ver). Pero tienes miedo: te aterroriza decir lo que sientes. Y sentir lo que sientes. Pero no hay que tener miedo. Hay que afrontar lo que venga con madurez, aprendiendo de los errores del pasado y encarando el futuro con ganas e ilusión. Ilusión es que si algún día piensas que te falta ilusión, te des cuenta de que seguirías matando por cinco minutos más con esa persona. Y después os reconciliéis brindando y bailando cual noche de bodas anegada de vino, rosas y champagne, con un mensaje grabado en el corazón y en la cabeza: si algo que merece la pena se rompe, se arregla, no se tira a la basura.

A mis casi 25 primaveras, sé poco de la vida. Pero sé que ahora quiero estar contigo. Partido a partido. Cita a cita. Final a final. Me apunto a la filosofía del Cholismo también en su versión sentimental. Sin agobios. Sin prisas. Pensándolo en frío, al final pasó lo que tenía que pasar. Que Will se fue a por Skylar. Que Noah esperó a Allie. Que Landon se casó con Jamie. Que Diego volvió a por Martina. Y que Forrest cuidó de Jenny. Sin duda, en la vida lo importante no es adónde vas, sino con quién viajas. Y este viaje quiero hacerlo a tu lado.

Te prequiero.

Te prequiero mucho


HAAF

*"Te garantizo que habrá épocas difíciles. Te garantizo que en algún momento uno de los dos o los dos querremos dejarlo todo, pero también te garantizo que si no te pido que seas mía, me arrepentiré durante el resto de mi vida, porque sé en lo más profundo de mi ser que estás hecha para mí".

**"Sean, if the Professor calls about that job, just tell him: sorry, but I had to go see about a girl".

jueves, 9 de enero de 2014

Más de cien motivos por los que luchar en 2014

- Porque los míos gocen de buena salud.
- Por vivir cada día como si fuera el último.
- Por la familia.
- Por los amigos.
- Por no perder la ilusión de encontrar el trabajo de tus sueños.
- Por no perder la ilusión de encontrar un trabajo digno.
- Por tratar de ser el mejor sin pisar ninguna cabeza.

- Porque las barbas nunca dejen de estar de moda.
- Porque los bigotes dejen de estar de moda.
- Por las cervezas que arreglan el mundo.
- Por las cervezas en compañía que arreglan un mal día.
- Por las cervezas heladas en una terraza.
- Por las cerves tontas que no acaban en un barco rumbo a Nueva Escocia de milagro.
- Por las cerves tontas en general.
- Por un Gin Tonic celebrando el fin del Ocaso.
- Porque el cebollismo gane la batalla al taladrismo.
- Por no hacer ESA llamada de móvil en ningún caso.
- Porque recibir una llamada pueda cambiarte la vida (para bien).
- Por despertarme sin mirar el reloj.
- Por escuchar desde la cama el goteo de una mañana lluviosa.
- Por dormir ocho horas seguidas.
- Por las siestas eternas con pijama y persiana hasta arriba.
- Por probar de una maldita vez las famosas croquetas de Esperanza.
- Por las timbas de póker clandestinas entre amigos.
- Por volver al espíritu de la Transición española.
- Por visitar el museo de Adolfo Suárez en Cebreros.
- Porque las portadas de los periódicos traigan buenas nuevas.
- Por las sobredosis de café.
- Por el mileurismo.
- Porque los jóvenes nos comamos el mundo y demostremos no ser una generación perdida.
- Porque el trabajo duro obtenga sus frutos.
- Por acabar con la impunidad de los empresarios sin escrúpulos
- Por fomentar las visitas gastronómicas los fines de semana.
- Por el Retiro en primavera.
- Por los primeros besos con la mirada.
- Por las palabras con la mirada.
- Por más besos y abrazos y menos insultos o enfados.
- Porque ser valiente no vuelva a salir tan caro.
- Porque los vuelcos al corazón sean de alegría.
- Por la envidia sana.
- Por los celos sanos.
- Por no volver a ver llorar a un gran amig@ por amor (ni por nada).
- Por viajar a Chicago.
- Por viajar a Granada.
- Por escuchar en bucle a tus grupos de música favoritos.
- Porque la promesa de aprender a tocar un instrumento musical no quede en balde.
- Por leer.
- Por las madrugadas de Friends.
- Por bailar sin pudor ni vergüenza hasta el alba.
- Por continuar disfrutando de la música en directo.
- Porque los que tienen que estar ahí sigan estando ahí (y no sepas cómo darles las gracias).
- Por trabajar duro para conseguir éxitos deportivos.
- Por celebrar la canasta anotadora a finales de abril.
- Por el Mundial de baloncesto en España.
- Por volver a correr la San Silvestre.
- Por la Décima.
- Por la Novena.
- Por los jueves familiares de 'Cuéntame'.
- Por croquetear en la cama cinco minutos más los sábados por la mañana.
- Por las pelis con manta y sofá que saben a gloria.
- Por el aperitivo de los domingos.
- Por seguir disfrutando del arte de comer.
- Por seguir disfrutando del arte de ir al cine in situ.
- Por el olor a palomitas recién hechas.
- Por volver al teatro.
- Por dominguear en La Latina con el buen tiempo.
- Por llorar de felicidad.
- Por no llorar de tristeza.
- Por derramar lágrimas de esperanza.
- Por dejar el nihilismo a un lado.
- Porque la misoginia sólo sea una palabra, no un pensamiento.
- Por encontrar la vacuna contra el mal de amores.
- Por volver a regalar flores con el corazón.
- Porque amar siga siendo combatir.
- Porque el tiempo ponga a cada uno en su sitio.
- Por volver a compartir años después un Ciocolattisimo con una chica que haya conquistado tu corazón.
- Por las noches esporádicas de hotel.
- Por las bellas panorámicas que deja tu rostro al alba.
- Por los regalos inesperados en los momentos inesperados.
- Por gritar ¡Gerónimo! en lo alto de una colina radiante y sediento de proclamar tu nuevo amor.
- Por los sábados espinariegos de paella.
- Por los sábados espinariegos tomando La Luna juntos.
- Por dar interminables paseos sobre la orilla del mar.
- Por muchos baños veraniegos de resaca.
- Por muchos baños veraniegos de borrachera.
- Por noches de agosto de pescaíto, vino y rosas.
- Por rescatar viejos escritos propios del baúl del olvido.
- Por esos momentos que sólo tú y yo sabremos.
- Por no dejar nunca de escribir reajustando cuentas.
- Porque los míos gocen de buena salud.

Cumplamos nuestros sueños y deseos en este 2014. En nuestra mano está conseguir cambiar nuestra estrella. Fragüemos un destino. El que sea. Pero propio.

HAAF

domingo, 24 de noviembre de 2013

Media langosta en noviembre

* "Pido pues a mi orgullo que siempre vaya del brazo con mi cordura. Y cuando me abandone mi cordura, pues le gusta alzar el vuelo, que mi orgullo vuele siquiera del brazo con mi locura". Friedrich Nietzsche
--
Noviembre es por defecto ese mes del año en el que se debe (y no se lleva a cabo) hacer balance de lo ganado y perdido hasta la fecha. De las promesas optimistas realizadas a toda prisa en Año Nuevo en un folio guardado como el más preciado de los tesoros.

Noviembre es ese mes en el que te das cuenta que la Navidad está a la vuelta de la esquina y a ti te ha pillado sin hacer los deberes. Y encima pasa con más pena que gloria, como el miércoles en una semana cualquiera.

Noviembre tiene ese halo que a veces le hace mágico. Y por ello puede convertirse en un Noviembre dulce. Los amores de verano han quedado sepultados hasta nueva orden y quizá el frío venga acompañado de un brote de sentimientos nuevos en tu interior; sentimientos que hacen recorrer una brisa de satisfacción, ilusión y paz en tu alma en oferta que nunca vendiste.

Noviembre es denostado por aquellos que claman a los cuatro vientos que el invierno y el frío hayan venido para quedarse. Pero, ¿qué pasa con el encanto de los paseos bajo una lluvia torrencial?, ¿o con los chocolates calientes con churros a las siete de la tarde siendo noche cerrada?, ¿o poder calentarle la mano mientras ella esboza una sonrisa sincera de agradecimiento y unos mofletes rojos sedientos de amor?

Noviembre es de escorpio y sagitario. De setas que acompañen cualquier manjar. De conciertos al abrigo de un buen vino. De citas en el cine. De comerte sus palomitas sin disimulo alguno. De coger su mano helada. De sobremesas que se alargan más que nunca. De orgullo presente. De preciosos días anegados de rayos de sol que evocan por ciertos instantes la mejor de las primaveras. De anécdotas al calor de un gin tonic y esos grandes Héroes de la Transición. De camareras que siempre quisieron escuchar.

Noviembre es ese mes de jodidas historias de amor o de historias de amor jodidas. De encargar en tu pensamiento regalos que no comprarás hasta finales de diciembre o hasta que las luces de Navidad de la Castellana te alerten.

Noviembre a veces puede recordarte a ella. A cómo le colocabas la bufanda para que no se agudizara su resfriado. A cómo se mosqueaba cuando le robabas la nariz una y otra vez como si fuera una niña pequeña. A los besos esquimales. A las tardes interminables (no lo suficientemente interminables) en el Starbucks. A cuando te sentías aliviado y afortunado por dejar pasar otro autobús porque "ya llegará otro" y porque lo último que querías era dejarla escapar de tus brazos. En definitiva, a saber que las mejores huyen.

Noviembre, pues, puede ser un dardo envenenado de recuerdos que creías olvidados. Como dijo Lennon: "Vivir es fácil con los ojos cerrados". Más difícil es construir nuevos recuerdos con los ojos abiertos. Pero infinitamente más satisfactorio y reconfortante. Por eso mismo, Noviembre puede pasar de ser un mes anodino, a convertirse en el más grande. Y eso te lo puede asegurar quien haya encontrado a su media langosta en noviembre. Bendito mes para los bienaventurados.



* "Aunque el orgullo no es una virtud, es padre de muchas virtudes". John Churton Collins

HAAF

jueves, 19 de septiembre de 2013

Hablemos de ruina y espina

Es curioso la claridad con la que uno piensa cuando ya no tiene nada que perder y mucho que ganar. O nada que ganar y mucho que perder. Los hombres y mujeres de hoy en día tendemos (y extrañamente adoramos) a jugar al ratón y al gato en lo que a relaciones amorosas se refiere. Toda persona a la que le acaban de dejar atraviesa inexcusable e inexorablemente por una serie de fases. A saber:

1- Fase del corazón partío: Es la fase más dura. Toda tu vida se desmorona de la noche a la mañana como un castillo de naipes. Las noches se hacen eternas y tus ojos amanecen hinchados por las lágrimas y el insomnio. Tu cabeza se llena de dudas mientras tu corazón se despedaza lentamente anhelando una esperada llamada que jamás llega. Todas las canciones, todas las películas, absolutamente todo te recuerda a esa persona y a lo que teníais. ¿Cuántas veces hemos pensado en mandar un mensaje a esa persona y poder destruir para siempre ese dolor en forma de nudo en el estómago? Sin embargo, los largos días acaban pasando con un único pensamiento: ¿por qué?

2- Fase de la exaltación: Tras unos días, semanas e incluso meses de profunda agonía, tratas de que tu vida cobre algo de sentido. Como buen aprendiz del amor, te crees fervientemente la teoría de que "un clavo saca otro clavo". Y comienzas a salir una media de tres o cuatro veces a la semana, cogiéndote las cogorzas del siglo, maldiciendo el amor y perjurando que no volverás a caer en las redes de cupido. Además, ansías llenar ese vacío existencial con la primera (o el primero) que se te ponga por delante. Así entras en una peligrosa espiral de recordar los cuerpos y olvidar los nombres.


Por si fuera poco, tratas de demostrar por todos los medios y en todas las redes sociales posibles lo feliz que eres y lo bien que has superado esa 'nada traumática' relación. Todo ello con fotos sonriendo a más no poder y rodeado de personas muy atractivas del sexo opuesto. El problema es que se pilla antes a un mentiroso que a un cojo. El alcohol juega a veces muy malas pasadas. Y el destino, ni os cuento.

3- Fase del tocamiento de fondo: Cuando parece que por fin hemos superado el difícil trance. Cuando tu familia y tus amigos han conseguido reflotarte de forma encomiable (nunca se les podrá agradecer lo suficiente su ayuda). Cuando tus sueños reencarnados en pesadillas comienzan a tocar su fin. Cuando consigues llegar a pensar: "Hoy va a ser el día menos pensado". En definitiva, cuando la vida vuelve a sonreírnos aunque sólo sea un poco. Entonces es cuando aparece de nuevo esa persona. Como si tuviera un radar. Toda esa recuperación se va al garete y el shock postraumático que se produce en tu interior se exterioriza a través de un escalofrío que te deja helado.

A pesar de todo, y como buenos cabezotas que somos algunos, conseguimos sacar la entereza suficiente para hacer el saludo de rigor y un par de preguntas de cara a la galería. Todo ello mientras dos únicas cuestiones te ronda la cabeza: "¡Qué guapa está la condenada!" y "¿debí haber enviado que reescribí unas 1.000 veces aunque fuera arrastrarme? Evidentemente, esa pregunta nunca obtendrá una sensata respuesta, aunque el tiempo demuestra que es mejor arrepentirse de algo que has hecho que de algo que ni intentaste.

4- Fase de la Transición
Como diría Oscar Wilde: "La experiencia no tiene valor ético alguno, es simplemente el nombre que damos a nuestros errores". El tiempo, las ojeras y las viejas cicatrices te demuestran si todo mereció la pena. Las llamadas, mensajes, fotografías, promesas, lunas y demás "te quieros" se los lleva el viento. Pero lo que sí se mantiene para siempre es la música. Es la forma perfecta de mantener un nítido recuerdo de alguien. Es intrigante cómo una canción puede tener un significado tan diferente según el estado de ánimo de uno mismo.

Porque, al final de los finales, el tiempo pasa. Y si alguien no te quiere, no te busca. Es sencillo. Los disgustos y desamores tampoco son eternos. De repente, el día menos pensado, te encuentras brindando. Ya saben, no lloren porque terminó sonrían porque sucedió. Algunos lo llaman madurez. Yo prefiero denominarlo "hacer callo". Y, como viene a decir el autor del magnífico escrito "Los héroes de la transición": hay amores que matan que nunca mueren, pero no sólo de grandes amores vive el hombre. Y es entonces cuando toca celebrar que lo has superado.

"Brindo por el eterno amigo. Por el paño de lágrimas. Por ése que escuchó cada uno de tus desahogos y esperó su gran momento hasta que tuvo que escuchar también que habías conocido a alguien nuevo. [...]. Brindo por aquel chico que te hizo reír. Por aquel otro que te robó un beso en esa noche en que, tú lo sabes, los tenías de oferta. Por esa chica que se le parecía un poco, pero no era ella. Por las conversaciones que aclaran que sólo somos amigos...".


El/Ella siempre estará ahí. Es imposible dejar atrás tu pasado. Siempre te va a perseguir y va a acabar atrapándote. Pero si logras mirar adelante y vivir libre y feliz contigo mismo, habrás superado el examen. Con nota. Cuando recuerdes a esa persona, sonreirás con alegría. ¡Maldita dulzura la nuestra!


HAAF

jueves, 12 de septiembre de 2013

DEL OCASO AL ALBA

Con el extraño encanto del fondo de las copas y el fragor de una falda cualquiera, conseguí durante años dejar de añorarte algunos viernes y días aunque ninguna noche. Hay mil razones para que no escriba lo que pienso, pero necesito expresar mis sentimientos. Aunque mil lunas han pasado desde aquel enero frío y traicionero, nunca te guardé rencor, pero te eché de menos. Porque al final de los finales, después del orgullo, la cobardía, el tiempo y los silencios, me di cuenta de que mi amor por ti no lo cambiaba ningún invierno. Pero me cansé. Durante este tiempo, me he podido repetir a mí mismo mil veces que lo nuestro es algo utópico y novelesco. Nunca sabré explicar por qué no te llamé.

Quizá orgullo, quizá sensatez, quizá cobardía, pero de nada sirve arrepentirse ni mirar al ayer. Ahora bien, al final supe que mientras dejara esa puerta abierta, mi felicidad y la tuya peligraban. No nos despedimos. Ningún adiós, ni hasta luego. Quizá eso sea lo mejor. Porque aunque lleve muchas lunas peleando a la contra y compadeciéndome en la soledad del Ocaso, tengo fe en que algún día la encontraré.

Por el camino, habrá piedras y flores. Con el tiempo te das cuenta de lo que dejaste escapar. En una ocasión, Paul Newman, al ser cuestionado sobre cómo había conseguido estar 50 años casado, respondió con vehemencia: "¿Para qué vas a comerte una hamburguesa fuera si tienes en casa un solomillo?". Pues eso. Yo dejé escapar un solomillo de primera en su día y nunca he dejado de arrepentirme. Mi consejo es que no dejéis escapar a esa persona que aparece en vuestra vida repentinamente porque la cuenta acaba siendo demasiado cara.



Tras el Ocaso, la soledad nocturna es como un cuchillo afilado que te va perforando por dentro cada luna. Cuando crees que puedes dar un paso adelante y olvidar ese desorden afectivo, vuelven los fantasmas y las decepciones. Toda la química, las promesas, las canciones y las palabras se las lleva el viento. La incomprensión, rabia e impotencia se vuelven a adueñar de ti. Ojalá las cosas se enmendaran como antaño, pero vivimos en una sociedad donde lo fácil es tirarlo todo por la borda y huir. Y entonces te vuelves a dar cuenta de que careces de respuestas a tus preguntas. Quizá el problema radique en si las preguntas que te has hecho han sido las idóneas. Nosotros escogemos a quienes dejamos entrar en nuestro mundo. Y salir. Con todo lo que ello conlleva. La vulnerabilidad de los ojos de una pareja cuando se observan refleja a la perfección la realidad de esa relación.

Por todo ello, aprendiendo de los errores, mirando con recelo al pasado y con escarcha en el pelo, te sientes preparado para lo que venga. Eso sí, con la esperanza intacta y la ilusión de un niño que, tras el frío de la noche y la lluvia arreciante golpeando contra la ventana de su maltrecho corazón, piensa que algún día volverá a escampar. Y el Alba te permitirá atrapar con la yema de los dedos una oportunidad en forma de tren que no deberás dejar escapar. Algún día. Y si no, desde la utopía de un más que improbable regreso a algo parecido a lo que un día fue, sólo me quedará exhalar desde la cama cada madrugada, un agónico, pero reconfortante: "buenas noches".



"A hundred days have made me older since the last time that I saw your pretty face...".

HAAF