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martes, 15 de julio de 2014

Y demostrarte alguna estupidez, por ejemplo, que te quiero

No soy nadie especial. Sólo soy un hombre corriente con pensamientos corrientes. Llevo una vida corriente. No soy el mejor novio ni el mejor amigo del mundo. Pero siempre he procurado vivir la vida de forma apasionada, rodeándome de la gente que me gusta. Y amar sin cuartel ni freno de mano. Aunque éso me haya ocasionado más de un disgusto, más de un beso (y más de un bofetón).



Explicar el significado del amor con palabras a veces es más complicado que definir a ciencia exacta conceptos abstractos, como el pragmatismo o el nihilismo.  O conseguir lograr que el equilibrio sea posible. Aunque de vez en cuando una canción, un recuerdo o un simple esbozo de sonrisa permiten clarificar sentimientos sobre la hoja de un papel, lo cierto es que manifestarlos de forma que queden para el recuerdo y la posteridad (de forma nítida) es una presa realmente complicada. Y si a todo ello le unimos la ola de calor inhumana que azota Madrid estos días (sí, el verano ya ha llegado de una puta vez), escribir desciende vertiginosamente de las prioridades en tu vida (imitar a Tom Cruise en Risky Business se convierte en la primera hasta nueva orden). He llegado a la conclusión de que lo único 'positivo' de este calor insoportable (agosto será de agarrarse que vienen curvas), es que estos días puedo perfeccionar constantemente mi pose de ejecutivo chaqueta de traje al hombro.



Sin embargo, no me quejo. Ni mucho menos. Recientemente he disfrutado de un fin de semana inolvidable en Comillas. Para quien no lo conozca, es uno de los parajes más bonitos de nuestro país. Entre bocartes, navajas, rabas y Gin Tonics, me dio tiempo a quemarme (primera noticia eso de que el sol del norte pega tanto que puede abrasarte), pero también a realizar una promesa zalamera de comprarme algún día una casa en ese lugar. Y yo soy de esos cabezones empecinados en sólo prometer cuando se puede prometer. 

Con todo, y a pesar de que todo el mundo sabe que soy el más fiel (además de impulsor) acérrimo del Cholismo sentimental, soy de los que piensa que el amor se demuestra más allá de ir cita a cita, día a día, partido a partido. Nadie sabe a ciencia cierta qué cojones significa esto del amor, pero todos experimentamos con mayor o menor éxito. Sin duda, la lección más valiosa que he aprendido en los últimos tiempos es que en esta vida todo cambia de un día para otro. "La vida pasa a una velocidad de vértigo". Marc Levy tenía razón, por lo que nunca debes de dejar demostrar a los tuyos cuánto les quieres. 

*Mis más sinceras disculpas por todos los laísmos que se repiten a continuación. Necesidades del guion.

Y con ella, sigue los dictados de tu corazón. Si la quieres, demuéstraselo a diario. Aunque a veces lo olviden, ellas son conscientes de que toda mujer merece tener un hombre que la valore, que la respete, que la ame. Y sobre todo, que se lo demuestre. Acompáñala siempre a casa. Mímala, bésala y tócala lo suficiente para que se sienta querida en todo momento. Hazla cosquillas en la espalda y conseguirás que se estremezca. Abrígala cuando haga frío y procura que no se moje, salvo que bailéis bajo la lluvia. Hazla sentirse protegida y comprendida con los problemas de la rutina diaria. Llévate bien con su familia y sus amigos, ya que algún día podrán ser los tuyos. No la agobies nunca. Deja que cada uno tenga su espacio y su vida más allá de la pareja.


Disfruta de los momentos que sólo tú y ella sabéis. Cómprala flores, porque no hay nada más bonito que regalar flores con el corazón. Invítala a comer y a cenar, no por ser un día especial, sino porque te sale de dentro hacerlo. Besayunar juntos en la cama perreando durante horas, porque no hay nada mejor que vaguear y retozar sin mirar el reloj disfrutando sin cesar. Hazla reír todos los días. Soñad juntos. Dala buena conversación, porque la química y la llama han de mantenerse vivas. Cuando te enfades con ella, mírala a los ojos y cuenta hasta diez. Piensa que (casi) todo en esta vida tiene solución. Sé fiel, porque estropear lo fraguado durante mucho tiempo no sólo es traicionarte a ella, a ti mismo y a tu corazón, sino del género tonto, gilipollas, inmaduro y estúpido. 

Tararea canciones que te recuerdan a ella constantemente. Cógela siempre con ganas e ilusión. Os mandáis e-mails en el trabajo. No acabéis con esa costumbre porque es una muestra de romanticismo al más puro estilo siglo XXI. Deja por escrito que nunca la vas a abandonar. Jamás la insultes. Dila que la quieres sólo cuando realmente te mueras por decírselo. Planear vuestro futuro juntos, sin prisa pero sin pausa, dando los pasos adecuados. Compárala con cualquier comida (por ejemplo: un sobao)porque la harás disfrutar. Y la harás sentirse querida. Confía en ella porque sin confianza una relación está abocada al fracaso. Imagina tu vida junto a ella dentro de 30 o 40 años. Y si sonríes imaginándolo es que puede hacerse realidad.

Enamórate de sus pequeñas idiosincrasias, porque si Dios quiere pasarás con ellas (y disfrutarás de ellas) indefinidamente. Sed kamikazes enamorados y conseguiréis sentiros jóvenes eternamente. Perdónala en sus peores días con la mejor de tus comprensiones, como haría ella. Sé celoso y orgulloso, pero sólo lo justo y necesario. Llévala de viaje a París, y disfrutad de un atardecer en el Sena desde el mágico Bateau Mouche.  

Echo la vista atrás y me doy cuenta de que soy exactamente igual que hace diez años. Ya no leo con atención novelas de Martín Casariego, escucho en bucle los discos de Maná o cortejo a través del Messenger. Pero sigo siendo el mismo romántico empedernido e incorregible de siempre. Porque lo más bonito que te puede pasar en la vida es que ames y seas correspondido. Sólo concibo vivir la vida a tu lado, haciéndote la mujer más feliz del mundo y envejeciendo juntos. Y demostrarte a diario alguna estupidez, por ejemplo, que te quiero.

PD: Eres el queso de mis macarrones.




HAAF


jueves, 23 de enero de 2014

Entre la misoginia, la androfobia y la Sabina fobia

Uno de mis escasos (pero valiosos) lectores me recuerda siempre que la misoginia de la que presumo en mis habituales alardes de lucidez sentimental no es más que una coraza para abortar cualquier posibilidad de que hieran de nuevo mi maltrecho corazón. Mi lectora acérrima (sí, es mujer y gran amiga) cree que me he montado una filosofía cojonuda, por lo que de este modo podré pasarme el resto de mi vida sin conocer a nadie de verdad. No la culpo. Ella sigue creyendo en el amor verdadero. Y yo, a veces también. Aunque cada día desayunemos sabiendo que medio millar de parejas españolas se divorcian cada 24 horas.


Hubo un tiempo en que creí a ciencia cierta haber descifrado el enigma que tiene en vilo a media humanidad: entender a las mujeres. Hace unos años, un sabio compañero de fatigas nocturnas me dijo una frase que me dejó algo anonadado y a la vez intrigado: "Quien entienda a las mujeres, que haga el favor y escriba un libro". Él estaba en lo cierto. Y yo creía que podía resolver el más complicado de los puzzles. Craso error. Enseguida vinieron mal dadas. Claro, uno aprende a base de hacer callo. Del sufrimiento por perder cruelmente en el juego del amor no se libra nadie.

Lo cierto es que nunca me he arrepentido de haberlo intentado. Lo único que lamento es no haberlo intentado en alguna ocasión, haber esperado demasiado tiempo para hacer alguna llamada o no haber sabido pedir perdón o perdonar a tiempo. Lo curioso es que últimamente el desánimo sobre el futuro de las parejas no sólo es cosa de hombres. A la misoginia le ha salido una fiel compañera: la androfobia. Las mujeres siempre han sido más inteligentes que nosotros. Hace décadas que dejaron de ser el 'sexo débil', pero lo que no concibo ni puedo compartir es que se consideren las víctimas en esto del amor. Porque por ahí no paso. ¡Si ellas tienen siempre la sartén por el mango!

Sea como fuere, y sin entrar en debates inútiles, a veces me pregunto por qué hacemos tan fácil lo difícil. Por qué nos gusta tanto jugar al perro y al gato. Por qué cuando queremos a alguien tardamos tanto en manifestarlo y cuando creemos haber dejado de sentir lo mismo abandonamos sin cuartel ni piedad lo que tanto nos ha costado construir. Porque hay veces que lo bordamos y veces que lo tiramos por la borda. Y no tenemos remedio. Queremos lo que envenena. Y nos quejamos, nos quejamos mucho.

Sin duda, vivimos una crisis a todos los niveles que azota a una sociedad carente de valores y sumida en un estado permanente de nihilismo, conformismo y superación. Ante este panorama desolador, tan sólo queda impregnarnos de un halo de optimismo que nos dé alguna esperanza para el futuro. Quiero creer que los esfuerzos por salir adelante no habrán caído en saco roto, sino que a medio plazo volveremos a una vida ciertamente hedonista, en la que aprenderemos de los errores y no primaremos lo material por encima de los sentimientos. Un mundo en el que la misoginia y la androfobia sólo sean unas palabras escondidas en un rincón del diccionario. Un mundo en el que tampoco tenga cabida la Sabina fobia y las personas amen desde lo más profundo de su corazón.

Ahora bien, no hacemos nada para solucionarlo. Es evidente que nosotros no podemos luchar para reprimir nuestros sentimientos, pero sí podemos elegir a quien dejamos entrar en nuestro mundo. Al fin y al cabo, amar y ser correspondido es importante, pero más aún madurar de la mano de otra persona. Quizá algunas veces las cosas se compliquen, se caiga en la rutina o en cierto tedio sin ilusión, pero con amor y mucha convicción y dedicación, merecerá la pena arreglar lo que se haya roto. Y quizá, sólo quizá, recuerdes que nada habrá sido en balde una mañana cualquiera cuando te despiertes y sonrías orgulloso de que la persona que está a tu lado en la cama es con la que quieres pasar el resto de tu vida.

Por lo tanto, aun a riesgo de convertirme en el nuevo Ted Mosby, estoy convencido de que todo pasará. De que las noches de melancolía, Machado, Bécquer y Neruda llegarán a su fin. Y de que seré lo suficientemente valiente para no volver a mirar atrás con la ilusión de antaño. Pero tengo miedo. Me aterroriza pensar en que el futuro nunca superará al pasado. Es hora de que me deje llevar, enredar y convencerme de todas esas cosas que dije no creer jamás. Y dejar mi falsa misoginia atrás. Quizá el amor me tenga reservada alguna oportunidad más.

HAAF
*"Anoche cuando dormía 
soñé ¡bendita ilusión! 
que un ardiente sol lucía 
dentro de mi corazón". Antonio Machado

**"Asomaba a sus ojos una lágrima,
y a mi labio una frase de perdón;
habló el orgullo y se enjugó su llanto,
y la frase en mis labios expiró.

Yo voy por un camino, ella por otro;
pero al pensar en nuestro mutuo amor, 
yo digo aún: ¿por qué callé aquel día?
Y ella dirá: ¿por qué no lloré yo?". Gustavo Adolfo Bécquer

***"Tú estás aquí. Ah, tú no huyes. 
Tú me responderás hasta el último grito. 
Ovíllate a mi lado como si tuvieras miedo. 
Sin embargo, alguna vez corrió una sombra extraña por tus ojos". Pablo Neruda